Soberanía energética en México: El costo técnico de la dependencia del gas texano y la ruta del fracking
El gas natural ha sido el eje de mi trayectoria profesional por más de diez años. Mi experiencia abarca desde el gas natural vehicular hasta la infraestructura de licuación y producción. Esta perspectiva técnica me permite analizar el suministro no solo como un recurso, sino como una variable crítica de estabilidad nacional.
En 2021 me tocó vivir de cerca la crisis por el congelamiento de ductos de gas natural en Texas. Desde mi perspectiva, fue el momento idóneo mediático para hablar de la dependencia, la falta de infraestructura y almacenamiento de México y abrir el diálogo para buscar soluciones en conjunto y no solo enfrentarlo como una crisis.
En ese periodo, México operaba con menos de dos días de almacenamiento. Según estándares de la IEA y la OCDE, las economías desarrolladas mantienen reservas de entre 35 y 50 días. México posee el recurso, pero las decisiones técnicas históricas han limitado su disponibilidad real.
El gas como recurso secundario y la vulnerabilidad con Texas
En el modelo operativo de Pemex, el gas natural ha sido tratado como un subproducto del petróleo (gas asociado). La prioridad histórica en la extracción de crudo relegó la inversión en plantas de captura. Esto derivó en un alto índice de quema de gas (flaring), eliminando un recurso que hoy es deficitario.
La cercanía con la Cuenca Pérmica en Texas facilitó la importación de gas a precios competitivos. México optó por construir gasoductos en lugar de desarrollar capacidad de extracción propia. Actualmente, el país importa entre el 70% y el 80% de su consumo, lo que vincula la seguridad eléctrica nacional a factores climáticos y políticos de Estados Unidos.
Obstáculos técnicos para la extracción nacional
México ocupa el sexto lugar global en reservas de gas de lutitas (shale gas). Sin embargo, el analista Ramsés Pech señala barreras financieras y operativas que condicionan su aprovechamiento.
La brecha de inversión y capacidad operativa
- Requerimiento de capital: Alcanzar la autosuficiencia exige una inversión de entre 35,000 y 50,000 millones de dólares, una cifra que compite con el costo total de proyectos de infraestructura crítica de la década pasada.
- Déficit de perforación: Se requiere pasar de 200 a 3,000 pozos anuales.
- Competencia de equipos: La demanda de torres de perforación en Estados Unidos dificulta el traslado de tecnología hacia la Cuenca de Burgos.
Seguridad y logística en el terreno
La extracción mediante fracking exige operaciones continuas en zonas rurales de alta peligrosidad. El costo de seguridad y la gestión de logística las 24 horas encarecen el proyecto frente a yacimientos en Texas o Pensilvania.
Optimización técnica: El papel del fracking inteligente
La transición energética requiere gas natural como combustible puente. La aplicación de Inteligencia Artificial permite hoy un fracking optimizado que reduce el uso de agua y mejora el tratamiento de aguas congénitas. Esta tecnología es la única vía viable para mantener las plantas de ciclo combinado operativas mientras se desarrolla infraestructura nuclear o renovable de base.
Beneficios de la paz energética
Controlar el suministro interno genera beneficios directos en la economía y la seguridad:
- Resiliencia eléctrica: Producir gas propio evita apagones masivos ante tormentas invernales externas.
- Estabilidad de precios: La generación eléctrica dejaría de depender totalmente de la volatilidad del Henry Hub.
- Desarrollo regional: La actividad en la Cuenca de Burgos impulsaría infraestructura en Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila, creando polos de desarrollo económico.
La soberanía energética demanda aceptar desafíos financieros masivos y el uso de tecnología avanzada. México tiene la oportunidad de dejar de reaccionar ante las crisis externas para tomar el control de su propio interruptor eléctrico.
Jaquelin Bárcenas | Estratega en comunicación del sector energético, especializada en gas natural y soberanía energética.